Aunque cada vez menos cosas logran sorprendernos, hay cuestiones que logran impresionarnos lo suficiente como para posarse como el tema de conversación principal de una reunión. En tiempos de Netflix, nunca falta el parloteo en torno a una de las mayores tendencias del entretenimiento: las series. Recientemente, mientras compartía críticas y recomendaciones con un grupo de amigos, llegamos a una de las más populares -para mí, escalofriantes- Black Mirror. Todos sabemos lo que representa: una predicción del futuro. El clímax de la charla llegó cuando uno de los presentes ejemplificó este tipo de ficción en la realidad, haciendo notar que en sus redes sociales aparecían anuncios relacionados con las conversaciones que mantenía a lo largo de su día, sin necesidad de hacer una búsqueda previa en su celular. Las anécdotas no se hicieron esperar, sin restar un poco de “misticismo” a esta forma de publicidad que está invadiendo nuestra privacidad, con todo descaro.

Si bien, al principio pudimos pensar que solo era coincidencia, hoy estamos seguros de que la casualidad no significa nada para la tecnología, ni para la publicidad. Los celulares registran las palabras que dices, cuando hay una función activada como Siri, y Ok Google. No se necesita hacer uso de estas para que nuestros datos se procesen en el teléfono, las aplicaciones que tenemos activadas como Facebook o Instagram, tienen acceso a esta información sin necesidad de activar nada, ni preguntar. Aunque esto parezca un abuso, está aclarado en los términos y condiciones de uso, que aceptamos cuando descargamos la app (sí, esas letras chiquitas que todos ignoramos), así que no hay oportunidad de hacer ningún reclamo.

Algunas empresas como Google, reconoce de forma abierta este uso. Pero, otras como Facebook, lo esconden un poco. Aunque, la mayor evidencia contra este gigante de Sillicon Valley, sobre la mala utilización de los datos privados de sus usuarios se mostró en marzo de este año, con uno de los escándalos cibernéticos más grandes, el famosos caso de: “Cambridge Analytics” donde se comprobó la venta de estos, para fines de manipulación política. Aquí la cosa es un poco distinta y es lo que salva esta metodología dentro de las regulaciones. Los datos personales del usuario nunca son utilizados, sólo las palabras claves que puedan usarse para fines mercadológicos.

Ninguna información está cien por ciento segura, sobre todo cuando llega a los paraísos del internet. Es claro que nuestros celulares tienen un sentido auditivo muy bien desarrollado. Esto no significa que tengamos que vivir a la defensiva, solo ser conscientes de la importancia, y del alcance que tiene todo lo que difundimos. Podemos ver el lado práctico, si eres una persona con una vida normal, que manifiesta sus intereses o futuros planes ¿por qué, no? Tener acceso a información inmediata que pueda resultar útil.  

 

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