Fue hace más de un año cuando Whatsapp implementó su nueva función. La posibilidad de compartir “estados”, también conocidos en otras plataformas como: “Historias”. SnapChat es el creador de este estilo de interacción en las redes sociales, resolviendo la necesidad que existía en 2011 de compartir contenido de forma inmediata. La plataforma “del fantasmita” dio espacio al contenido espontáneo, y breve, librando así al ciberespacio de pretensiones innecesarias.

Pero, la gloria no es eterna. A pesar de que Snapchat es la red social favorita de los adolescentes menores de 16 años, en tan sólo 12 meses ha perdido millones de usuarios que representan una baja del 50% al valor que tenía en la bolsa. ¿A dónde fueron esos usuarios? Instagram la red social a la que Facebook apuesta todo su público joven. Razón por la que se decidió incorporar esta opción dentro de la app, para después hacerlo en las demás de la misma compañía.

Aunque, para mala suerte de los desarrolladores no tuvo la misma aceptación que en la primera.

 

¿Dónde está la falla, si es el mismo concepto?

Hay una gran diferencia entre las funciones que ofrece cada una de las aplicaciones, además de la periodicidad con la que se actualizan. Sin duda, para los instagramers hay más opciones (filtros, boomerang, stickers), que no se encuentran habilitadas en las otras plataformas.

En cuestión de seguridad, sí hay un empate. Aunque es necesario tener activa la lectura de mensaje en whatsapp para saber quién ha visto tus publicaciones. En ambas se puede configurar para bloquear la visualización a algunos usuarios.

La falla la podemos ver en el concepto, por la autonomía distinta que representan con su distinto objetivo cada red. Instagram, siempre se ha determinado como una plataforma enfocada a la difusión de contenido audio/visual, alimentada por las interacciones de sus usuarios. Dejando el campo abierto para que cualquiera se convierta en una figura pública, sólo con base en la aprobación de los demás. Por eso, la función hace posible alimentar la necesidad de compartir, compartir y compartir.

En whatsapp es lo contrario, sirve como un medio de comunicación interno entre nuestras personas conocidas y cercanas. A las que no necesitamos ofrecer una “imagen” desconocida de nuestra personalidad. Su función es por mucho más práctica y cercana a la realidad. El acceso no es el mismo, en esta somos nosotros los que elegimos con quién interactuamos, cuando en la aplicación de la cámara cualquiera tiene la oportunidad de hacerlo. Un ejemplo claro, podemos verlo en las videollamadas implementadas recientemente, las cuales no son muy usadas. Cualquier usuario, preferiría hacerlo por alguna de las otras dos alternativas. Puede ser cosa de prestigio o seguridad, incluso por prejuicios. Otra forma de hacer evidente que los usuarios (aunque sea de forma inconsciente) entienden la intención comunicativa de las diferentes redes.  

 

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